sábado, 14 de noviembre de 2020

De pequeño

 Cuando eres pequeño no te enseñan a quererte, no te enseñan a aceptarte, te enseñan a que debes aceptar a los demás como son pero no aceptarte a ti mismo como eres. Por eso vivimos toda nuestra vida intentando entender o intentando aprender a aceptarnos y querernos a nosotros mismos.

Yo misma, llevo años intentándolo, teniendo subidas, teniendo bajadas, teniendo momentos increíbles conmigo misma, momentos en los que me siento una jodida diosa, momentos en los que me miro en el espejo y no podría verme más guapa, cuando no necesito ni una gota de maquillaje para amarme, o cuando hasta con el maquillaje más cargado me veo igual de guapa que sin él. Pero también están los otros momentos, los momentos más jodidos, en los que tapas cualquier espejo que te rodee o en los que evito pasar por delante de las ventanas en las que puedo verme reflejada. Días en los que no me veo bien con nada, en los que no sé qué ponerme aun teniendo el armario lleno de ropa, días en los que ni con el mejor maquillaje me veo aceptable. Momentos en los que me gustaría que cuando era pequeña me hubiesen enseñado a seguir en pie y que cuando me mirara al espejo pudiese decir “no, no es un buen día, pero mañana va a ser mejor y tú vas a estar de puta madre”.

Pero la vida pasa, los años pasan y empiezan a decirte que para que alguien te quiera, debes quererte tu primero. A esas personas lo que les digo es que quizás llevan razón, pero no deben saber lo que es levantarse de la cama, mirarse al espejo y quizás no encontrar ni un solo adjetivo bonito que decirse. 

Porque quizás pasas por delante de un espejo y te dan ganas de hacerte mil fotos o de decirte mil cosas bonitas a ti mism@, pero quizás pasas delante de otro espejo y quieres estamparlo contra el suelo porque lo que ves reflejado no te gusta absolutamente nada. 

Ropa, maquillaje, operaciones estéticas, estereotipos, canon de belleza… Mierdas y más mierdas que solo adornan, enseñan que quizás jamás encajaras en lo bonito y te crearan miles de complejos.

Enseñemos a nuestros hijos a ponerse delante de un espejo y saber aceptarse, saber quererse a uno mismo, sacar al menos una cosa buena de todas las que ven reflejada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario